Hay tantas cosas que me gustaría haberte dicho, papá. Hay demasiadas cosas que me gustaría que hubiésemos hecho juntos. No hay nada de lo que me arrepienta más que de no haber pasado más tiempo contigo, y de no haber aprovechado el que tuve. Eres y siempre fuiste el mejor. Y me duele no poder decírtelo ahora. Aún así, estés donde estés quiero que sepas que te quiero. Que eres el hombre de mi vida. Y que todo lo bueno que tengo dentro lo he heredado de ti. Que te fuiste demasiado pronto, sí, pero de todas formas sé que estás conmigo. Porque lo noto, porque cada vez que siento que el mundo pesa mucho más de lo que puedo soportar, sé que de una forma u otra abres la puerta de mi cuarto para acercarte, abrazarme y decirme que todo pasará, que todo irá bien, por mucho que cueste creerlo a veces. Porque siempre serás la fuerza que me haga levantarme cuando no pueda más, y también lo que me impulse a mejorar. Lo único que siento es no haberte podido decir lo mucho que te quiero antes de que dejases de poder escucharme. Y que te fueras sin haberte abrazado por última vez. Que sí, que fui una gilipollas, y que ese es el mayor error que he cometido en mi vida. Que lo peor que puede hacer uno es arrepentirse de lo que no ha hecho. Pero bueno, aquí estoy otra vez, echándote de menos, y hoy más que nunca. Felicidades, papá. Por esos 43 años que nunca llegaste a cumplir.
"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd".
(escrito el 19 de diciembre)